| Seguridad en México, corresponsabilidad ciudadana |
|
8 abril 2010 Sección: LA ENTREVISTA |
Pascal Beltrán del Río, ganador en dos ocasiones del Premio Nacional de Periodismo y actual director del periódico Excélsior, habla en exclusiva para Seguridad en América sobre la actual situación en materia de seguridad y nos brinda un panorama desde el punto de vista periodístico y ciudadano, acerca del aumento en los índices delictivos en nuestro país
Seguridad en América (SEA): Desde su perspectiva, como periodista y como comunicólogo, ¿cuál cree que sea el principal problema de inseguridad que se vive en el país?
Mi impresión es que es un problema de carencia de instituciones sólidas, no digo que no las haya, pero no son suficientemente fuertes y respetadas. La poca convicción que existe socialmente acerca de la importancia de respetar las leyes, también juega un papel importante. Esto va desde los reglamentos más elementales, hasta las leyes más generales. Conviven así esos dos problemas: no somos un país ni de leyes, ni de instituciones fuertes.
De repente los mexicanos tenemos la impresión de que las leyes sólo se les aplican a los demás y no a nosotros mismos. Por otra parte, tenemos unas instituciones de seguridad y de procuración de justicia que no tienen métodos de trabajo; seguramente si tienen reglamentos y procedimientos en papel, pero a la hora de la hora, no actúan con el profesionalismo y la dedicación necesaria para combatir al crimen. Y cuando digo combatir al crimen me refiero a la parte preventiva.
Asimismo, somos un país donde el 98% de los delitos no se castigan, entonces cometer un ilícito para sacar una ventaja personal o económica es un gran negocio, incluso es más fácil que sacarse la lotería. Al cometer un delito sólo hay un 2% de probabilidades ser aprehendido y en aún en ese caso, las posibilidades de ir a prisión son mucho menores. Lo anterior, da lugar a una gran impunidad y da la sensación de que se puede delinquir con relativa facilidad.
También es un hecho comprobado que nadie comienza dedicándose al secuestro; inicias un poco como el “mochaorejas”, robando chamarras o tenis en una avenida, después subes a robo de autopartes, a asalto a transeúntes, a asalto de mercancías y sólo mucho después entras al negocio del secuestro. No hay una inhibición del delito en el primer nivel y consecuentemente hay una escalada.
SEA: Vemos también que la gente tiene desconfianza hacia las autoridades encargadas de brindar seguridad, llámese policía estatal, municipal…
PBR: Sí, se trata de una desconfianza heredada, sin duda, desde la etapa autoritaria del país, incluso antes de la creación del PRI, en los años posteriores a la revolución. En ese entonces, por consideraciones políticas, la instrucción general era: tenme tranquilo al país, tenme controlados a mis adversarios y lo demás que hagas no me importa.
Entonces empezó a generarse una gran corrupción en las policías, lo cual evidentemente creo una desconfianza por parte de la ciudadanía y le llevó a considerar a la policía, no como aliados de la sociedad en contra de los delincuentes, sino en algunos casos como los propios delincuentes o al menos como una fuerza que está más preocupada por tener el control político, que por prevenir la comisión del delito o castigarlo.
SEA: ¿A qué sector de la sociedad afecta más la inseguridad?
PBR: Yo creo que es igual para todos, pero cuando la víctima del delito es una persona conocida, adquiere una relevancia pública. La gente que más padece la inseguridad es la de menos recursos. Es bastante claro que en la ciudad de México quien utiliza transporte público para trasladarse, en lugar de usar un vehículo particular, tiene mucho mayor riesgo de ser asaltado.
No quiero decir que quien posee el coche no pueda ser víctima y te lo dice alguien que ha sido asaltado tres veces, pero sí creo que la gente que utiliza el microbús – el principal tipo de transporte en el que se mueven los capitalinos – tiene mucha mayor probabilidad de ser víctima de algún delito. Mientras menos privilegios económicos se tengan, es mayor la propensión.
SEA: Me comentaba que ha sido asaltado en tres ocasiones… usted como ciudadano ¿vive seguro en esta ciudad?
PBR: Hay una parte del ser humano, y es aún más cierto en el caso de quienes vivimos en la ciudad, que somos altamente adaptables. Cuando nos cerraron por cuestiones políticas algunas de las principales avenidas, de inmediato buscamos un camino alterno en lugar de preguntarnos ¿por qué están cerradas las avenidas? Creo que lo mismo pasa con la delincuencia: en lugar de decir: “lo que pasó esta mal y no es mi culpa”, expresamos: “es que me baje del coche y hablaba por celular, por eso me asaltaron” o “ya no voy a tomar esa ruta, mejor me voy a ir por otro camino”.
Entonces nos empezamos a adaptar y a tomar ciertas precauciones. Dicho eso te puedo decir, sí, sé sentirme seguro, sé que cosas hacer y no hacer para sentirme seguro, pero me pregunto si es lo correcto y si esto limita la convivencia ciudadana, si no hemos perdido un poco nuestra capacidad de salir a la calle, de divertirnos… De modo que no me siento inseguro pero tampoco me siento en las circunstancias normales en las cuales me gustaría vivir como ciudadano.
SEA: Precisamente en nuestro papel ciudadano, ¿cómo podemos ayudar a disminuir este problema?
PBR: Empieza en una esfera personal, si pretendemos vivir en una democracia debemos hacer conciencia y si queremos tener la posibilidad de salir a cualquier hora a la calle y vivir en un país seguro, comencemos por respetar las leyes y las instituciones que nosotros mismos hemos creado; porque a veces creemos que estas últimas son cosas que llegan de fuera y no es así.
Al participar en elecciones, al votar o no hacerlo, damos lugar a la elección de autoridades y finalmente debemos entender que somos corresponsables de las decisiones tomadas. En ese sentido, hay dos cosas por hacer: por un lado, cumplir con las leyes y las instituciones y por otro, ser ciudadanos de tiempo completo, lo cual implica vigilar lo que hace la autoridad en la medida de nuestras posibilidades. Existen diversas formas para que podamos enterarnos cómo actúa la autoridad; a través de los medios de comunicación, las leyes de transparencia. Esa es una parte básica del ciudadano: respetar las leyes y ser un vigilante de las autoridades e interesarnos más en el ámbito público.
SEA: El año pasado se firmó el Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad, ¿ha servido de algo?
PBR: Esto se pregunta mucho, sobre todo ahora que vemos nuevos casos de secuestros y yo creo que sí sirvió. El haber salido a la calle en 2004 y luego en 2008 debió forzar a la autoridad a actuar. Esta reunión que dio lugar a una serie de compromisos, no fue por generación espontánea, fue porque empezó la presión pública y ésta lleva a la autoridad a tomar decisiones. Se mostró que si nos organizamos, opinamos, participamos y nos interesamos, entonces la autoridad responde. Y aprendimos también que no podemos simplemente decir: “ya salimos a la calle, ya firmamos estos compromisos, yo regreso a mi vida normal y ahí nos vemos”. Hay que estar pendientes de lo sucedido con estos compromisos, ya vimos que la mayoría no se han cumplido y no hay una continuidad. Entonces, ¿qué debemos hacer los ciudadanos? pues darle seguimiento.
Y hay diversas maneras para ello: primero saber qué se aprobó, cuáles fueron los compromisos, tratar de informarnos. A diferencia de hace años, ahora hay medios de comunicación muy variados, unos mejores que otros, pero finalmente hay mucha información sobre lo que pasa en la seguridad pública y es cuestión de buscar, de interesarnos y de no dejar que estos compromisos se queden ahí. Entonces yo creo que sí sirvió pero ya nos dimos cuenta que no puede ser una cosa que hagamos una vez al año, debe ser de manera constante.
SEA: Precisamente respecto al tema de los medios de comunicación, en esta lucha contra la inseguridad, ¿deben ser testigos o parte activa?
PBR: Debemos cumplir con nuestro propósito esencial que es mantener a la sociedad informada. Hubo un debate a nivel de los medios, se dijo que deben formarse de lado del Estado… yo no estoy de acuerdo, porque nuestro papel no es ese. Por supuesto que estoy a favor de un estado de derecho, del imperio de la ley, de la fortaleza de las instituciones, en parte por convicción ciudadana y porque mi oficio, el periodismo, florece mejor en un ambiente así.
Cuando hay leyes, hay mejor periodismo, pero cuando son débiles, cuidado, porque nosotros somos de las primeras víctimas y no necesariamente me refiero a agresiones físicas, sino que nuestra profesión sufre. Los periodistas debemos hacer lo que nos toca: averiguar la información de interés público, jerarquizarla, contextualizarla y darla a conocer para que sirva de instrumento para el debate público y para la acción. Yo veo a los periodistas como entes de acción, de cambio social, como armeros, quienes fabrican los instrumentos mediante los cuales los ciudadanos hacen el cambio social. Al cumplir con nuestro papel, cumplimos con la sociedad y con la construcción de instituciones y de un régimen de derecho.
SEA: Respecto a los servicios de seguridad privada en nuestro país ¿cuál es su opinión?
PBR: Mira, creo que tienen su papel, no los desdeño, no me opongo, pero no creo que puedan sustituir a los servicios públicos estatales de seguridad. Una de las condiciones básicas de un pacto democrático es que el ciudadano renuncia a ejercer la defensa de su vida y de sus pertenencias y las deposita en el Estado. De modo que este último debe tener el control. Por su parte, este tipo de servicios deben estar debidamente legislados y definir qué pueden y no hacer. En todo caso, un servicio de seguridad privada no debe sustituir a la protección seguridad que provee el Estado. Debe ser complementaria y para cosas muy específicas, pues existen personas, instituciones o grupos que requieren de una protección adicional. Ahora, creo que son entidades que tienen que funcionar con reglamentos muy claros, específicos y estrictos, porque en sus manos puede estar la vida de una persona y la seguridad de un patrimonio.








