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Edición Digital – Ejemplar 62
Directorio 2009-2010
Directorio 2009
Cómo hablarles a los niños de seguridad

30 abril 2010
Sección: Galeria de imagenes, SEGURIDAD PÚBLICA

Sin lugar a dudas de las grandes preocupaciones que tenemos los ciudadanos, se refieren al tema de la inseguridad. Dentro de ese contexto, la principal preocupación reside en la seguridad de nuestros hijos; qué debemos hacer para protegerlos del internet y robos, es necesario estar informado

*Carlos Seoane Noroña

Los menores de edad están expuestos a una serie de riesgos tanto en la calle como dentro de casa. Muchos padres, simplemente viven preocupados y no todos se han ocupado, en términos reales, de otorgar una educación en materia de seguridad a sus hijos.
La dinámica de los tiempos modernos nos ha robado, en buena medida, el tiempo necesario para ofrecer a los niños la formación necesaria en éste y muchos otros aspectos, dejando a terceros o a las máquinas de videojuegos y al internet, su “cuidado” y entretenimiento, el cual ofrece un resultado final contraproducente al identificarse, tanto en esas personas como en las tecnologías electrónicas, una serie de peligros a los que sometemos inexorablemente a los pequeños, por el simple hecho de ignorarles o subestimarles en términos reales.
El buen juez empieza por su casa y debe hacerlo desde sus hijos. No bastan los mejores equipos ni el establecimiento de políticas y medidas de seguridad si no poseemos los hábitos necesarios y suficientes. Los niños son los más vulnerables ante los delincuentes, por ello debemos concentrar en ellos nuestros esfuerzos para desarrollar la cultura de la autoprotección y seguridad que los acompañará el resto de sus vidas, debiendo, para ello, predicar con el ejemplo y poder, como padres, apostar por juntos un mejor mañana.
Adicionalmente, considerando que los adolescentes son altamente susceptibles no sólo de convertirse en víctimas sino además en victimarios, la capacitación a los niños debe poseer esa dualidad, la de evitar que los victimen, pero debe reforzar sus principios y valores, para evitar que se conviertan en delincuentes.
La labor de prevención en los niños no es imposible, es muy real y necesaria. Consiste en llevar a cabo una reflexión de los riesgos a los que están expuestos, acceder a buena información preventiva, tener el amor, la paciencia, la constancia y la perseverancia suficiente. Los hábitos se desarrollarán por si solos al llevar a cabo, de manera repetitiva, las medidas necesarias y de esa manera lograremos formar y conformar jóvenes que, además de contar con una cultura de seguridad, llevarán el escudo necesario para impedir que las redes delincuenciales los recluten como esclavos de sus vicios o bien como integrantes de sus pandillas.
Carlos Seoane, un experto en diversos temas de seguridad, nos explica de una manera muy clara y sencilla, las mejores formas para mantener seguros a los niños, haciéndolos conscientes de los riesgos a los que están expuestos y la mejor manera de entrenarlos y adiestrarlos, para enfrentar mejor el mundo al que el día de mañana se enfrentarán.
¿Es posible “entrenar” o “capacitar” a los menores en materia de autoprotección para que ellos, como niños, y nosotros, como adultos, estemos más seguros y tranquilos?
Desde que nacemos y hasta que llegamos a una edad de 2 dígitos, todo el aprendizaje en materia de seguridad y protección depende, en primera instancia, de nuestros padres (familia) y, paralelamente, de la escuela. La gran mayoría de los conceptos que nos son impartidos se basan en medidas netamente restrictivas y disuasivas, enfocadas a diferenciar entre lo blanco y lo negro, entre lo que sí se puede y lo que no se puede, para evitar mayormente accidentes y/o daños a nuestra integridad física, ya que siendo tan pequeños no nos es posible delimitar claramente las fronteras de aquello que nos puede infligir un daño irreversible.
Sin embargo, llega un momento en que el niño ya no estará de la mano de mamá o de papá todo el tiempo, ya no permanecerá en mayor medida en su propia casa, comenzará la interacción con el mundo y su gente; sus márgenes de independencia crecerán, se expandirán y, de manera proporcionalmente inversa a esa felicidad que da el verlos crecer, los papás se preocuparán de las amenazas que se ciernen sobre el pequeño que está en vistas de dejar de serlo, pero muy lejos aún de ser un adolescente, sabiendo que no podrá estar nunca más de manera permanente a su lado (independientemente que sea o no lo conveniente), de ahí que la mejor herramienta para ayudarlo y ayudarnos sea el “entrenar” al niño para que aprenda a reconocer los síntomas de aquellas posibles amenazas y, lo más importante, que tenga la confianza y un canal de comunicación, abierto permanentemente, para platicárselos a sus padres y/o familia.
Por esta razón, resulta fundamental educar a los menores, para que al crecer y desarrollarse, adopten los hábitos de seguridad que los acompañarán el resto de sus vidas.
Siendo un mayor de edad me quedan claras las amenazas a las que estoy expuesto, ¿estas mismas amenazas aplican para los niños pequeños o son diferentes?
Las amenazas para los niños no son las mismas que para un adolescente o para un adulto, el motivo por el cual el delincuente es atraído a su víctima cambia.
Como adultos, normalmente, representamos para los “malos” una motivación para obtener una ganancia económica, mientras que con los menores el tema del motivo satisfactor no necesariamente se enfoca a un beneficio de tipo económico; existen otras motivaciones de tipo sexual que suelen darse por gente cercana y no precisamente por extraños que acechan las calles, de ahí que sea sumamente importante el saber reconocer las conductas atípicas que pudiesen mostrar signos de advertencia.
El atacante, en una gran mayoría de sexo masculino, utiliza generalmente fuerza física y amedrentamiento verbal, aprovechando su superioridad de edad, madurez o poder sobre el niño y las consecuencias del abuso sexual constituyen una experiencia traumática, la cual es vivida por la víctima como un atentado contra su integridad física y psicológica.
El abuso sexual de un menor es un proceso que se desarrolla gradualmente y si, como padres, conocemos las distintas etapas, podremos reconocer los síntomas si es que se llegan a presentar:

•Etapa de seducción: el abusador manipula la dependencia y la confianza del menor, al paso del tiempo prepara el lugar y momento del abuso. Es en esta etapa donde se incita la participación del niño por medio de regalos o juegos.

•Etapa de interacción sexual: es un proceso gradual y progresivo, que puede incluir comportamientos exhibicionistas, caricias eróticas, masturbación, etc.

•Etapa de secrecía: el abusador, generalmente por medio de amenazas, impone el silencio en el menor, a quien no le queda más remedio que adaptarse.

¿Cómo entreno a mi niño si es que se llega a perder en un lugar público concurrido?
Normalmente, nuestras primeras reacciones son meramente instintivas y viscerales, nuestra mente viaja rápidamente a vislumbrar un panorama devastador si no encontramos al niño perdido, no dejamos de pensar en las incesantes amenazas a las que está expuesto sin nuestra protección y éstas nublan el sano juicio que deberíamos emplear para lograr una estrategia veloz en caso de que no haya existido un entrenamiento. Las reacciones más comunes que todos tenemos consisten en un disparo de la adrenalina, el temor nos invade, nos “congelamos” y dejamos de actuar, no sabemos manejar la emergencia y comenzamos a gritar el nombre del menor. Como consecuencia, tenemos un impedimento para actuar inteligentemente y con rapidez.

Lo conducente es contar con un plan de seguridad que contemple los siguientes aspectos:
• El menor debe llevar consigo una identificación (hecha en casa) con su nombre, tipo de sangre, padecimientos, alergias, así como los teléfonos de casa y celular de sus padres o tutores.
• Acordar con el pequeño, en cada lugar, un punto de reunión. Normalmente, esto se hace cerca de la entrada principal o del acceso por el cual entraron al sitio.
• Enseñarle a pedir ayuda a personal uniformado (de la tienda, de seguridad, operarios de juegos, entre otros). Que el niño pueda distinguir entre los “visitantes” y los empleados del sitio. Los niños deben saber que a veces y en casos excepcionales, pueden confiar en personas que no conozcan.
• Instruirlo para que no se desplace, explicarle que usted lo buscará. El peor escenario para que dos personas se encuentren es que ambas se estén buscando mutuamente.
• El mayor miedo de un niño debe ser que su papá/mamá no lo encuentre y que no se vuelvan a ver y no que “el viejo del costal” se lo lleve. Usted debe siempre reasegurarle que si se llegase a perder, jamás dejará de buscarle hasta que lo encuentre.
• Este plan tiene que ser repetido en innumerables ocasiones para que no quede lugar a duda de la actuación de ambos. Puede realizarse a manera de juego en el auto.

¿Qué debemos enseñar a los niños para protegerse?
Recordemos que las amenazas para los niños son diferentes que las de los adultos, de ahí que lo que los niños necesitan saber para protegerse sea muy distinto de lo nuestro. A los niños les debemos enseñar a:
• Utilizar un código o palabra secreta. Entre los padres y los niños debe de haber una palabra secreta que opere como la llave para permitir que el niño tenga confianza con el adulto que se le aproxime y que no conozca. Si a un pequeño alguien le dice que su mamá se accidentó y que él lo va a llevar al hospital para estar con ella, va a ser muy difícil que el niño oponga resistencia ante una historia como esta, de ahí que se desprenda una “palabra secreta” que sólo debe conocer la familia más íntima y que deba de ser utilizada para confirmar que está bien que el niño acompañe al adulto del cual dude.
• Decir “NO”. Normalmente somos insistentes para que el niño sea educado y diga que “sí” a todo, a veces debemos respetar su sexto sentido o intuición si es que no quiere estar con alguien en particular.
• Retroceder tres pasos si sienten invadida su privacidad o su persona. Un margen de tres pasos ofrece libertad de acción y puede evitar que sea sujetado en contra de su voluntad.
• Gritar en caso de peligro.
• Correr, ante una amenaza.
• Escapar –Igual que el inciso anterior.
• Hablar con alguien hasta que escuche – A veces los adultos no tenemos “tiempo” para escuchar a los pequeños.
• No guardar secretos “malos”. Es sumamente importante que el niño sepa que no existe nada que él pueda hacer que conllevará que usted pierda su amor por él.

¿Existen reglas de seguridad para cuando los padres no están en casa?
Volvemos al tema de las reglas que deben ser explicadas en blanco y negro, el criterio no aplica incluso si están acompañados de un adulto que cumpla las funciones de personal doméstico. Aquí, cada familia debe, acorde a sus propios lineamientos y educación, establecer lo que sí se puede y lo que no se puede cuando no estén los padres en casa. Por ejemplo:
• Si mamá o papá no están en casa, los niños no deben contestar el teléfono. El niño no puede evitar ser niño y, si alguien le hace preguntas, lo más probable es que el pequeño las conteste y que esto pueda comprometer su estatus de seguridad.
• No se le debe abrir la puerta a nadie, salvo previa autorización. Nada de reparaciones de teléfono, televisión satelital o compañía de gas, luz, entre otros.
• Sólo al círculo más íntimo se le debe dejar saber que los padres están de viaje.
• Contar con un número telefónico local, con familia o amistades de confianza, para casos extraordinarios o de emergencia.
• Que papá y mamá siempre dejen un número telefónico para ser localizados.
• No permitir que acudan amigos sin que un adulto responsable se encuentre con los menores.

No puedo estar las 24 horas del día al lado de mis niños, ¿cuál es la mejor herramienta para que se protejan y defiendan?
La mejor herramienta que le podemos dar a un niño para su autoprotección es amor y un canal de comunicación abierto de manera permanente, que sepan que siempre estaremos ahí para ellos cuando lo necesiten.
Hablando con ellos y escuchándolos lograrán una comunicación abierta y un sentido de confianza, lo que los animará a discutir sus sentimientos íntimos y a confiar en usted. Si el niño se siente rechazado o que a usted no le interesan sus asuntos, en el momento que exista un verdadero problema o una amenaza real, se puede dar un escenario de no haber estado “disponible” para ayudar cuando le fue solicitado. Usted debe de:
• Fomentarles la autoestima.
• Mantener abierta la comunicación.
• Evitar en la medida de lo posible que estén solos.
• Conocer a quienes los rodean.
• Promover la confianza mutua.
• Contar con medidas básicas de seguridad.
• Promover hábitos rutinarios.
• Enseñarles con el ejemplo.
• Creer en ellos.

¿Cómo protejo a mis niños de la gran cantidad de contenido sexual en Internet?
Existen varios métodos para disminuir o bloquear el acceso a contenidos en internet (sexo, violencia, desnudez), algunos son gratuitos y otros tienen un costo.
• Impida (previa explicación) que su hijo comparta información personal, como su nombre real, dirección, número de teléfono o contraseñas, con aquellos que conozcan por internet.
• Si para acceder a alguna página (aunque sea de juegos), se pide a los niños que envíen su nombres para registrarse ó personalizar el contenido, ayúdeles a crear alias que no revelen información personal cuando estén en línea o que sean agresivos o sugestivos.
• Existen ventanas emergentes, mejor conocidas como “Pop Ups”, que pueden esquivar las medidas de seguridad y llevar a los niños a lugares no deseados, es importante la configuración para impedir su aparición.
• Instruir a los menores para que no acepten chats ni videoconferencias, ni, desde luego, acepten citas a ciegas con desconocidos.
• Sensibilizarlos para que tengan un comportamiento adecuado en internet, evitando situaciones de acoso con compañeros. Asimismo, para que eviten adquirir productos o servicios sin su consentimiento, además de descargar, transferir o recibir copias ilegales de programas, música o archivos con contenidos pornográficos, haciéndoles ver las sanciones legales que pueden enfrentar y la facilidad de ser identificados en una investigación policial cibernética.

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