| Escaneocorporal ¿afecta a la intimidad? |
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28 febrero 2010 Sección: CONTROL DE ACCESO, Galeria de imagenes |
Algunos expertos los creen muy útil para detectar explosivos plásticos o líquidos que no reconocen los detectores de metales. Otros cuestionan esa capacidad. Han abierto un debate sobre las consecuencias de someter a los viajeros a un control tan estricto
El fallido intento del frustrado terrorista suicida Umar Farouk Abdulmutallab de hacer explotar en el aire un avión de Northwest Airlines poco antes de su aterrizaje en Detroit el día de Navidad, tuvo una primera consecuencia: Impulsar a varios países a introducir en sus aeropuertos un polémico sistema de escaneado corporal que en teoría permite localizar sustancias no metálicas que no pueden ser detectadas por los escáneres tradicionales.
Este tipo de escáneres, generan una imagen en tres dimensiones del cuerpo de la persona que se somete a él, ya está siendo utilizado en 19 aeropuertos de Estados Unidos.
Holanda, Reino Unido y Nigeria han anunciado la inmediata introducción de ese tipo de controles. Alemania prefiere esperar hasta conocer los resultados de las pruebas que se van a poner en práctica. En países como Suiza, aunque el gobierno recela de ellos, las autoridades aeroportuarias los ven con buenos ojos.
Algunos expertos los creen muy útiles para detectar explosivos plásticos o líquidos que se escapan a los detectores de metales. Otros cuestionan esa capacidad. Y, por encima de todo, se ha abierto también un debate sobre las consecuencias de someter a los viajeros a un control estricto que de hecho significa exponerles virtualmente desnudos ante los ojos de las personas encargadas de ver las imágenes generadas por la máquina.
Existen unos 40 escáneres de ese tipo en 19 aeropuertos norteamericanos, entre ellos el John Fitzgerald Kennedy de Nueva York y el Internacional de Los Ángeles. La seguridad aeroportuaria instaló otros 150 aparatos para incrementar la seguridad y reducir el número de registros personales exhaustivos.
Hasta la fecha, el gobierno norteamericano solía adquirir aparatos que funcionan con una tecnología conocida como “onda milimétrica”, según la cual dos pequeñas antenas rotan alrededor del cuerpo y crean una imagen tridimensional del mismo. En la copia que aparece en la pantalla del agente de inmigración, la cara queda difuminada para proteger la intimidad del pasajero. Los nuevos escáneres, de tecnología backscatter, ofrecen imágenes más detalladas. Su apariencia es la de dos armarios colocados uno frente a otro. En realidad son dos generadores de rayos X de baja intensidad que crean dos imágenes tridimensionales, de la parte frontal y la parte trasera del viajero.
La imagen resultante es más nítida
Hoy por hoy, los escaneados integrales son voluntarios en Estados Unidos. Cuando los agentes de policía fronteriza consideran que el pasajero debe someterse a un escrutinio mayor que el de los detectores de metales, le ofrecen dos opciones: el escáner de cuerpo completo o una revisión personal pormenorizado. Las personas con prótesis de metal, por ejemplo, ya se someten a esa índole de registros: un agente de su mismo género les palpa brazos y rodillas y puede exigirles que muestren partes de su cuerpo para demostrar que no esconden sustancias o materiales potencialmente peligrosos.
Los escáneres de cuerpo completo que están en funcionamiento en Estados Unidos son del tamaño y tienen la apariencia de una cabina de bronceado. El pasajero entra en ellos y una serie de páneles emiten ondas electromagnéticas de muy baja intensidad, que atraviesan tejidos comunes como el algodón o el poliéster, pero que rebotan sobre la piel. Nada queda oculto. En medio minuto, el viajero (con sus intimidades, sus cicatrices, sus apéndices y prótesis) queda al desnudo.
Esa es la gran preocupación de numerosas asociaciones ciudadanas, que consideran que el individuo pierde toda su intimidad. “Los escáneres de cuerpo completo representan una seria amenaza a la intimidad personal y son claramente inefectivos”, dijo la Asociación de Libertades Civiles de América en un comunicado. “Los explosivos plásticos se pueden esconder de ellos del mismo modo que se pueden esconder explosivos guardados en diversas oquedades corporales, algo que Al Qaeda enseña como método para cometer ataques”.
Los agentes que controlan las máquinas no entran en contacto con los pasajeros. De hecho, ni siquiera los ven. Se hallan en una habitación separada, frente a las pantallas de las computadoras desde los que ejecutan los escaneados. Si no ven nada sospechoso, pulsan un botón que indica a otros agentes que el pasajero no supone ninguna amenaza. Si ven algo sospechoso, piden refuerzos y avisan al agente que se encuentra junto al pasajero.
Tanto algunos expertos como el gobierno de Barak Obama aseguran que un escáner como esos habría impedido al terrorista Umar Farouk Abdulmutallab subirse al avión con destino a la ciudad de Detroit con la intención de estallarlo. Tras el incidente, la Casa Blanca se ha apresurado a recordar que la agencia de seguridad aeroportuaria dispone de dinero para comprar 300 escáneres integrales más y que la pérdida de intimidad puede ser un mal menor necesario en la gran lucha contra el terrorismo.
Cuestionan su funcionamiento
Estos escáneres cuestan entre $136 mil dólares por unidad, frente a los $6 mil 800 dólares que cuestan los tradicionales para detectar objetos metálicos. Probablemente, un factor que ha contribuido a añadir dudas a la hora de generalizar su uso.
La incertidumbre ha desaparecido con el atentado de Detroit. La precipitación con la que otros gobiernos han decidido recurrir a ellos ha alarmado a algunos críticos, que creen que los gobiernos se limitan a reaccionar siempre en una dirección en función de la amenaza del momento en lugar de planificar estrategias de conjunto frente a la amenaza que el terrorismo supone para la seguridad aérea.
“Tras la bomba de Lockerbie se aumentó el control en el equipaje facturado. Tras el atentado de septiembre 11 en las Torres Gemelas, se enfatizó en aislar la cabina de los pilotos. Luego se prohibieron los líquidos. Ahora, de repente, aparece el escáner. Hay que tener presente que ningún escáner es capaz de detectar todas las amenazas de todos los pasajeros”, sostiene en el diario londinense The Guardian, Philip Baum, experto en seguridad aérea.
La ventaja del escáner por ondas es que “tienen una gama de usos más amplia y son más rápidos e inocuos para el pasajero pero es improbable que puedan detectar los explosivos.
De hecho, lo que hace el escáner es construir una réplica en tres dimensiones del cuerpo humano, lo que permite al controlador detectar sustancias adosadas al cuerpo humano. De ahí la importancia de que ese controlador pueda ver al pasajero al desnudo.
Pero eso, precisamente, es una de las cuestiones que más preocupan a los críticos de ese sistema: la necesidad de desnudar, aunque sea virtualmente al pasajero. “Estas máquinas no pueden decir qué objetos se esconden debajo de la ropa o dentro de la ropa”, sostiene Simon Davies, director de Privacy International. “Sólo pueden detectar irregularidades”.
“Esa tecnología plantea muchas cuestiones. En primer lugar, los escáneres fabrican imágenes sorprendentemente gráficas de los cuerpos de los pasajeros. Esas imágenes revelan no sólo nuestras partes privadas, sino detalles médicos íntimos como bolsas de colostomía. Ese examen tan detallado conduce a un significativo -y para mucha gente humillante- asalto a la dignidad esencial de los pasajeros que los ciudadanos de una nación libre no deberían tolerar”, opinó Privacy International.
El despliegue de esa tecnología se ha parado recientemente en el aeropuerto de Manchester (Reino Unido) porque los escáneres violaban las leyes de protección de los niños al desnudar electrónicamente a niños y jóvenes.
Liberty, rama británica de la Asociación de Libertades Civiles de América, comulga con esas reticencias. Aunque reconoce la necesidad de reforzar los controles en los aeropuertos, sostiene que “para ser efectiva, la respuesta al terrorismo tiene que ser proporcionada y respetuosa de los valores de los derechos humanos y la dignidad, privacidad e igualdad de trato, algo que los gobiernos a ambos lados del Atlántico tienden a olvidar con demasiada facilidad”.
Detrás de esas palabras se esconde un aviso contra la técnica sugerida por quienes creen que los escáneres no son eficaces y defienden que los controles han de ser selectivos y centrarse en las personas sospechosas.
El problema es decidir quién es sospechoso. Con el acento puesto en el terrorismo islamista, los defensores de las libertades civiles temen que los musulmanes, y en general la población de tez oscura, se conviertan en el objetivo casi único de los controles. Pero, ¿cómo se sabe si un blanco es o no musulmán?








